21 junio, 2010

LA MUERTE DEL SABIO MONSI

Por Everardo Ferrer

Regreso a casa de una juerga en ambientes surrealistas en el centro de la capital. El recibimiento por parte de mis mujeres es "Te llamó Miguel, Carlos Monsiváis ha muerto".

Una vorágine de sentimientos encontrados recorren mi ser. Entre mis círculos, tanto rockeros como intelectualoides, Monsiváis fue la imagen estereotipada del intelectual.
Hace cerca de veinte años, sería yo quien fuera a recoger a su domicilio, el texto que el maestro escribiera para la invitación a la exposición que en la revista Banda Rockera, en ese entonces dirigida por Vladimyr Hernández y Jorge Monroy, presentaríamos en el Palacio Negro de Lecumberri, un evento sin precedentes en los ámbitos rockero -culturales. Monsiváis estaba encantadísimo con la sección Rol y Rolas que presentábamos en dicha publicación.

Mas allá de lo que Carlos Monsiváis pueda representar para el publico intelectualoide, para mí significaba una fuerza primigenia, tanto así que en historietas de corte popular, como Chanoc, tendría gran peso, al grado de ser representado como El Sabio Monsi, que al lado de su robot Sócrates, fue un gran aliado para la selección de Ixtac, en partidos narrados por personajes tan importantes como Angelgritos Fernández (digno maestro del mismísimo Perro Bermúdez, sin quien el pelado can no sería absolutamente nadie) o platicando con el insigne poetastro Abelino Pilongano en la serie regular de la Familia Burrón.


Carlos Monsiváis luchó por que la cultura popular tuviera un sitio en el quehacer intelectual mexicano. Las colecciones presentadas en el Museo del Estanquillo así lo demuestran.

El esfuerzo del maestro no representó ningún tipo de escándalo. Murió de manera discreta, como le hubiera gustado; el último contacto que tuve con él fue cuando le entregué un ejemplar de Comikaze en la develaciòn de la banca de la Familia Burrón en la Alameda Central, a la que me dijo "Qué buen nombre". Ahora, esta es la última y triste noticia que tenemos sobre él.

En la inauguración de De San Garabato al Callejón del Cuajo tuve la oportunidad de, al lado del Pinocho de Los Estrambóticos, estrechar la mano tanto de Don Gabriel Vargas como del Sabio Monsi. Hoy se demuestra que eran almas gemelas, a tal grado de abandonar el mismo plano existencial casi al mismo tiempo.


Descansen en paz.

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